Si Apocalipsis 3:10 es el texto que el pretribulacionismo cita con más frecuencia, Mateo 24:29-31 es el que se le opone con más frecuencia. Es el único pasaje donde Jesús fija una secuencia explícita: «inmediatamente después de la tribulación de esos días», el Hijo del Hombre viene sobre las nubes, «Y Él enviará a Sus ángeles con una gran trompeta y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro» (24:29-31). Trompeta, nubes, reunión. Pablo, describiendo el arrebatamiento, escribe: «Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre.» (1 Ts 4:16-17). Trompeta, nubes, reunión. La conclusión parece imponerse: si son la misma escena, Jesús la puso después de la tribulación, y el asunto está cerrado.
Esta entrada sostiene que los dos pasajes describen acontecimientos distintos. Para defender esa lectura, examinará si las semejanzas de lenguaje bastan para identificarlos como una misma escena y qué diferencias surgen al leer cada uno en su contexto.
La objeción en su forma más fuerte
Conviene presentar la objeción en su versión más sólida, como la desarrollan Gundry y Moo.1 El parecido entre los pasajes va más allá de la trompeta, las nubes y la reunión de los creyentes.
En primer lugar, tanto Mateo como Pablo hablan de la parousia, es decir, la venida del Señor (Mt 24:27, 37, 39; 1 Ts 4:15). Además, el lenguaje de Mateo tiene un paralelo en la segunda carta a los Tesalonicenses: Jesús dice que los ángeles «reunirán» a sus escogidos (Mt 24:31), y Pablo habla de «nuestra reunión con Él» (2 Ts 2:1). Las palabras griegas traducidas como «reunirán» y «reunión» comparten la misma raíz.
En segundo lugar, Pablo afirma que enseña «por la palabra del Señor» (1 Ts 4:15). Gundry entiende esta expresión como una referencia a la enseñanza de Jesús en el Monte de los Olivos. Según esa lectura, Pablo estaría retomando lo que Jesús había anunciado.
Por último, se argumenta que la expresión «al encuentro» (1 Ts 4:17) describe una costumbre de la época: salir a recibir a un dignatario y acompañarlo en su entrada a la ciudad. Si ese es el sentido de la palabra griega apantēsis en este pasaje, los creyentes subirían a recibir a Cristo en el aire y después descenderían con Él a la tierra.2
Considerados en conjunto, estos argumentos dan razones para identificar ambos relatos como un mismo acontecimiento.
La respuesta requiere examinar tres cuestiones: qué demuestra el vocabulario compartido, qué diferencias existen entre los relatos y qué significan, en su contexto, las expresiones «al encuentro» y «por la palabra del Señor».
El trasfondo bíblico de la trompeta, las nubes y la reunión
La trompeta y las nubes aparecen en distintos pasajes de la Escritura para anunciar una intervención decisiva de Dios. La trompeta suena en el Sinaí (Éx 19:16), anuncia el día del Señor (Sof 1:16; Jl 2:1) y acompaña la resurrección descrita por Pablo (1 Co 15:52). Las nubes aparecen en el éxodo (Éx 13:21), en la visión del Hijo del Hombre de Daniel (7:13) y en la ascensión de Jesús (Hch 1:9). Estas imágenes pertenecen a un lenguaje bíblico compartido. Su presencia en dos relatos no basta para demostrar que ambos describen el mismo acontecimiento.
Pero hay un trasfondo más específico que debe considerarse. La descripción de Mateo 24:31 reúne expresiones que remiten a tres pasajes del Antiguo Testamento relacionados con la restauración de Israel.
La primera es «una gran trompeta». Isaías 27:13 anuncia que sonará una gran trompeta y vendrán los israelitas dispersos en Asiria y Egipto para adorar al Señor en Jerusalén. El versículo anterior identifica a quienes serán reunidos: «ustedes serán recogidos uno a uno, oh israelitas.» (27:12).
La segunda es «por los cuatro vientos». Zacarías 2:6 utiliza esta imagen al hablar de la dispersión del pueblo. Su traducción griega presenta la expresión en términos de reunión: y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos.
La tercera expresión es «en los confines de la tierra». Deuteronomio 30:4 promete que, aunque los desterrados se encuentren en los lugares más lejanos —literalmente, en hebreo, «en el extremo de los cielos»—, el Señor los recogerá de allí. El versículo siguiente aclara adónde los llevará: a la tierra que poseyeron sus padres. La imagen describe, por tanto, la reunión de los dispersos y su regreso a la tierra de sus antepasados.3
Estos paralelos sitúan la reunión de Mateo 24:31 en el marco de las promesas de restauración de Israel. Su trasfondo inmediato es la reunión del pueblo disperso y su regreso a la tierra. Esto da razones para considerar esa lectura antes de identificar la escena con el arrebatamiento descrito por Pablo.
Sin embargo, reconocer el origen de las expresiones no resuelve por sí solo cómo las emplea Jesús. Todavía debemos determinar si anuncia la reunión de Israel disperso o si aplica ese lenguaje al conjunto de sus seguidores. Para defender la primera lectura, el siguiente paso es examinar quiénes son los «escogidos» en el contexto de Mateo 24.
Cuatro diferencias que el vocabulario compartido no resuelve
Las semejanzas entre ambos relatos merecen atención, pero también sus diferencias. Estas no demuestran por sí solas que se trate de acontecimientos distintos; sí obligan a examinar si la identificación explica adecuadamente lo que cada pasaje describe.
Quién reúne. En Mateo, el Hijo del Hombre envía a sus ángeles, y ellos reúnen a los escogidos. En 1 Tesalonicenses, Pablo destaca que «el Señor mismo» desciende del cielo. Menciona una voz de arcángel, pero no atribuye expresamente a los ángeles la tarea de reunir a los creyentes. El énfasis es distinto, aunque ambas acciones podrían formar parte de un mismo acontecimiento.
El movimiento descrito. Mateo habla de reunir a los escogidos «de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro». La expresión destaca la amplitud de la reunión, sin precisar su destino. Pablo, en cambio, describe un movimiento inequívoco: los creyentes son arrebatados «en las nubes al encuentro del Señor en el aire». Por tanto, el ascenso que Pablo menciona expresamente no aparece descrito en Mateo. Interpretar la reunión de Mateo como un regreso a la tierra de Israel depende del trasfondo profético y del contexto, no solo de estas palabras.
La resurrección. Pablo escribe para responder a la inquietud de los creyentes acerca de quienes han muerto (1 Ts 4:13). Por eso, la afirmación «los muertos en Cristo se levantarán primero» ocupa un lugar central en su consuelo. Mateo 24:31 no menciona una resurrección. Esta ausencia merece consideración, aunque no demuestra que sean acontecimientos distintos: dos relatos pueden seleccionar aspectos diferentes de una misma escena según su propósito.
Lo que sucede después. Más adelante en el discurso de Mateo, el Hijo del Hombre aparece sentado en el trono de su gloria para juzgar a las naciones (25:31-46). Pablo concluye con otra afirmación: «y así estaremos con el Señor siempre» (1 Ts 4:17). No explica allí adónde van Cristo y los creyentes después del encuentro. La lectura pretribulacional relaciona esta promesa con Juan 14:2-3, donde Jesús habla de la casa del Padre y promete recibir a los suyos. Esa conexión contribuye al argumento, pero no debe confundirse con un destino expresamente indicado en 1 Tesalonicenses.
A estas diferencias se añade otra cuestión debatida. Mateo 24:40-41 dice que «uno será tomado y otro dejado». El contexto inmediato recuerda el diluvio, que «se los llevó a todos» (24:39). Esta comparación permite defender que el tomado es retirado en juicio y el dejado permanece. Gundry, en cambio, interpreta estas palabras como una referencia al arrebatamiento.[4] El paralelo con el diluvio ofrece una razón para cuestionar su lectura, aunque la identidad del tomado y del dejado requiere un argumento propio.
En conjunto, estas observaciones muestran que el vocabulario compartido no resuelve la relación entre ambos pasajes. La interpretación debe explicar tanto sus semejanzas como sus diferencias, sin convertir lo que uno de ellos no menciona en una contradicción con el otro.
Apantēsis y el encuentro en el aire
Una parte del debate gira en torno a la palabra griega apantēsis, traducida como «encuentro» en 1 Tesalonicenses 4:17. Según la interpretación que adopta Moo, el término evoca una costumbre del mundo helenístico: los habitantes de una ciudad salían a recibir a un dignatario y lo acompañaban durante su entrada. Esta lectura se apoya en un estudio de Erik Peterson publicado en 1930.[5] Aplicada al arrebatamiento, significaría que los creyentes salen a recibir a Cristo en el aire y descienden con Él a la tierra.
Hechos 28:15 ofrece un ejemplo compatible con esa costumbre: los hermanos de Roma salen al encuentro de Pablo y después lo acompañan hacia la ciudad. Sin embargo, debemos distinguir entre lo que una palabra significa y la escena que puede evocar. Que apantēsis aparezca en una recepción de este tipo no demuestra que cada uso del término determine el recorrido posterior al encuentro.
En Mateo 25:6, las vírgenes salen «a recibir» al novio, y las que están preparadas entran con él al banquete (25:10). El relato indica lo que sucede después; la palabra «encuentro», considerada por sí sola, no proporciona todos esos detalles. Del mismo modo, en 1 Tesalonicenses debemos examinar qué dice Pablo acerca del encuentro y de lo que sigue.
Cosby cuestionó la correspondencia entre las recepciones helenísticas estudiadas por Peterson y la escena de 1 Tesalonicenses 4. Gundry respondió en defensa de esa comparación.[6] El desacuerdo muestra que el valor de ese trasfondo cultural debe argumentarse, y no darse por establecido únicamente por la presencia de apantēsis.
Pablo afirma que los creyentes serán arrebatados para encontrarse con el Señor en el aire y concluye: «y así estaremos con el Señor siempre». No especifica en este pasaje adónde irán después. Por eso, un descenso inmediato a la tierra es una interpretación de la escena, no una acción expresamente narrada.
La lectura pretribulacional relaciona esta promesa con Juan 14:2-3, donde Jesús habla de la casa del Padre y promete recibir a los suyos. Esa conexión requiere examinar ambos pasajes en conjunto. La conclusión aquí es más limitada: apantēsis, por sí sola, no basta para establecer el destino de los creyentes después del encuentro con Cristo.
«Por la palabra del Señor» y el misterio
Gundry interpreta «por la palabra del Señor» (1 Ts 4:15) como una referencia a la enseñanza de Jesús en el Monte de los Olivos. Según esta lectura, Pablo estaría retomando lo anunciado en Mateo 24. Otra posibilidad es que se refiera a una revelación recibida del Señor. La expresión afirma la autoridad de la enseñanza, pero no identifica de manera inequívoca cómo llegó a Pablo.
Para examinar esta cuestión, conviene considerar 1 Corintios 15:51: «Les digo un misterio». Pablo explica a continuación que no todos morirán, pero todos serán transformados, y relaciona esa transformación con la resurrección de los muertos y «la trompeta final». En otros pasajes, utiliza «misterio» para hablar de algo antes oculto y ahora dado a conocer (Ro 16:25-26; Ef 3:5).
Esto indica que Pablo comunica una revelación que sus lectores necesitan conocer. Sin embargo, no demuestra por sí solo que describa un acontecimiento distinto de la reunión anunciada por Jesús. La novedad podría consistir en aspectos antes no explicados, especialmente la transformación de los creyentes que estén vivos.
El argumento pretribulacional debe formularse, por tanto, con precisión: Pablo aporta detalles que Mateo 24:31 no menciona, pero llamar «misterio» a su enseñanza no basta para establecer que ambos pasajes describen acontecimientos separados. Del mismo modo, la expresión «por la palabra del Señor» no basta para afirmar que Pablo esté citando el Discurso del Monte de los Olivos.[7]
¿Cuál es «la trompeta final»?
A veces se identifica «la trompeta final» de 1 Corintios 15:52 con la séptima trompeta de Apocalipsis 11:15, y se utiliza esa conexión para situar el arrebatamiento dentro de la secuencia de Apocalipsis. Sin embargo, la identificación requiere algo más que observar que ambas trompetas ocupan una posición final.
En 1 Corintios, la trompeta acompaña la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos. En Apocalipsis, la séptima trompeta anuncia el reinado de Dios y de su Cristo, y se relaciona con el juicio y la recompensa de sus siervos (Ap 11:15-18). Estos contextos deben compararse antes de concluir que se trata de la misma trompeta.
Según la datación habitual de ambos libros, Pablo escribió antes que Juan. Esto hace difícil suponer que los corintios necesitaran conocer la serie de Apocalipsis para entender la expresión, aunque no impide que ambos autores pudieran referirse a un mismo acontecimiento futuro.
La lectura pretribulacional entiende «final» en relación con la culminación de la esperanza de la Iglesia. Pero el versículo no explica expresamente qué secuencia de trompetas tiene en mente Pablo, por lo que esa interpretación también requiere justificación.[8] La conclusión es limitada: la expresión «trompeta final», por sí sola, no establece su identidad con la séptima trompeta de Apocalipsis ni resuelve el momento del arrebatamiento.
Lo que esta entrada concede y lo que concluye
Hay que reconocer dos cosas. Primero, Mateo sitúa expresamente la reunión de los escogidos «inmediatamente después de la tribulación». La discusión no está en esa secuencia, sino en qué reunión describe. La lectura pretribulacional defendida aquí la entiende como la reunión de Israel disperso, a la luz de las promesas de Isaías 27, Zacarías 2 y Deuteronomio 30.
Segundo, si los «escogidos» de Mateo 24:31 son la Iglesia, la identificación con el arrebatamiento descrito en 1 Tesalonicenses 4 gana fuerza. Por eso, el capítulo siguiente examinará esa palabra y las razones para determinar a quiénes se refiere en este contexto.
¿Qué permite concluir el análisis hasta aquí? Que las semejanzas entre ambos pasajes son relevantes, pero no bastan para demostrar que describen el mismo acontecimiento. La trompeta y las nubes forman parte del lenguaje bíblico de la manifestación de Dios, y la reunión de los dispersos tiene antecedentes concretos en las promesas de restauración de Israel.
También hay diferencias en lo que cada relato hace explícito. Mateo destaca el envío de los ángeles y la reunión de los escogidos; Pablo, la resurrección de los muertos en Cristo y el encuentro de los creyentes con el Señor en el aire. Estas diferencias deben explicarse, aunque podrían reflejar distintos énfasis al describir un mismo acontecimiento.
Esta entrada favorece la interpretación de que se trata de acontecimientos distintos, pero reconoce que esa conclusión requiere algo más que comparar imágenes o señalar detalles ausentes. El punto pendiente es decisivo para el argumento: establecer quiénes son los «escogidos» y cómo aplica Jesús las promesas de reunión de Israel.
Notas
Robert H. Gundry, The Church and the Tribulation (Grand Rapids: Zondervan, 1973), caps. sobre el Discurso del Monte de los Olivos y 1 Tesalonicenses 4; Douglas J. Moo, «The Case for the Posttribulation Rapture Position», en Gleason L. Archer Jr., Paul D. Feinberg, Douglas J. Moo y Richard R. Reiter, The Rapture: Pre-, Mid-, or Post-Tribulational? (Grand Rapids: Zondervan, 1984).
Para la lectura técnica de apantēsis, Charles A. Wanamaker, The Epistles to the Thessalonians, NIGTC (Grand Rapids: Eerdmans, 1990), sobre 4:17.
Sobre las alusiones veterotestamentarias de Mt 24:31, W. D. Davies y Dale C. Allison, The Gospel According to Saint Matthew, ICC, vol. 3 (Edinburgh: T&T Clark, 1997), sobre 24:31; Stanley D. Toussaint, Behold the King: A Study of Matthew (Portland: Multnomah, 1980), sobre 24:31.
Toussaint, Behold the King, sobre 24:40-41; John F. Walvoord, «Christ’s Olivet Discourse on the End of the Age», serie en Bibliotheca Sacra 128–129 (1971–1972).
Erik Peterson, «Die Einholung des Kyrios», Zeitschrift für systematische Theologie 7 (1930): 682–702; Moo, «The Case for the Posttribulation Rapture Position».
Michael R. Cosby, «Hellenistic Formal Receptions and Paul’s Use of ἈΠΑΝΤΗΣΙΣ in 1 Thessalonians 4:17», Bulletin for Biblical Research 4 (1994): 15–34; Robert H. Gundry, «A Brief Note on “Hellenistic Formal Receptions and Paul’s Use of ἈΠΑΝΤΗΣΙΣ in 1 Thessalonians 4:17”», Bulletin for Biblical Research 6 (1996): 39–41; Paul D. Feinberg, «The Case for the Pretribulation Rapture Position», en The Rapture.
John F. Walvoord, The Rapture Question, ed. rev. (Grand Rapids: Zondervan, 1979); Renald E. Showers, Maranatha: Our Lord, Come! (Bellmawr: Friends of Israel, 1995), cap. sobre las diferencias entre el arrebatamiento y la segunda venida.
Robert L. Thomas, «1 Thessalonians», en The Expositor’s Bible Commentary, vol. 11, ed. Frank E. Gaebelein (Grand Rapids: Zondervan, 1978), sobre 4:16; Walvoord, The Rapture Question, cap. sobre la trompeta final.
Robert H. Gundry, The Church and the Tribulation (Grand Rapids: Zondervan, 1973), caps. sobre el Discurso del Monte de los Olivos y 1 Tesalonicenses 4; Douglas J. Moo, «The Case for the Posttribulation Rapture Position», en Gleason L. Archer Jr., Paul D. Feinberg, Douglas J. Moo y Richard R. Reiter, The Rapture: Pre-, Mid-, or Post-Tribulational? (Grand Rapids: Zondervan, 1984).
Para la lectura técnica de apantēsis, Charles A. Wanamaker, The Epistles to the Thessalonians, NIGTC (Grand Rapids: Eerdmans, 1990), sobre 4:17.
Sobre las alusiones veterotestamentarias de Mt 24:31, W. D. Davies y Dale C. Allison, The Gospel According to Saint Matthew, ICC, vol. 3 (Edinburgh: T&T Clark, 1997), sobre 24:31; Stanley D. Toussaint, Behold the King: A Study of Matthew (Portland: Multnomah, 1980), sobre 24:31.



