0:00
/
Transcripción

Así Nos Pensó Dios (Parte I)

Antes de saber quién soy, necesito recordar quién me pensó

Hay momentos en los que la pregunta no llega como una idea clara, sino como una incomodidad silenciosa. No siempre se formula en voz alta, pero se siente. Se filtra en los espacios más ordinarios del día, en medio de la rutina, cuando todo parece estar en orden y, aun así, algo dentro no termina de asentarse.

¿Quién soy?

No es una pregunta nueva. Tampoco es una pregunta superficial. Es una de esas preguntas que no se responden con rapidez, porque no nacen en la mente únicamente, sino en una especie de memoria profunda que pareciera saber que hay algo que hemos olvidado.

Hemos aprendido a responderla con lo que tenemos a la mano. Con lo que hemos logrado. Con lo que sentimos. Con lo que otros han dicho de nosotros. A veces con nuestras heridas. Otras veces con nuestros intentos de sanarlas. Y así, poco a poco, la identidad se va construyendo como una colección de fragmentos, algunos ciertos, otros incompletos, muchos inestables.

Pero la Escritura no comienza ahí.

No comienza con el hombre tratando de entenderse.
Comienza con Dios.

“Luego dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza…’” Génesis 1:26 (NVI 2022).

No es solo una declaración de origen. Es una revelación de intención. Antes de cualquier historia personal, antes de cualquier error, antes de cualquier distorsión, hubo un pensamiento divino. Una voluntad. Un diseño.

Fuimos pensados.

Y ese detalle lo cambia todo, aunque al principio no lo parezca.

Porque si fuimos pensados, entonces no somos accidente.
Si fuimos formados, entonces no somos producto del azar.
Si fuimos creados a imagen de Dios, entonces nuestra identidad no es algo que inventamos… es algo que recibimos.

Hay una diferencia sutil, pero profunda, entre construir identidad y descubrirla. Entre esforzarse por definirse y detenerse lo suficiente para recordar.

La imagen de Dios en el ser humano no es un adorno teológico. Es el punto de partida de todo lo que somos. No está en lo visible, ni en lo que acumulamos, ni en lo que proyectamos. Está en lo más profundo, en esa capacidad de conocer, de amar, de responder, de vivir en relación. Está en aquello que nos hace más que materia, más que impulso, más que reacción.

Y, sin embargo, vivimos como si eso no fuera cierto.

Nos movemos en un mundo donde la identidad se negocia constantemente. Donde se redefine según el contexto, según la etapa, según la presión. Y en ese movimiento continuo, algo se pierde. No de manera violenta, sino casi imperceptible. Como quien deja de mirar un punto fijo y, sin darse cuenta, comienza a desviarse.

Quizá por eso la pregunta regresa.

No para atormentarnos, sino para despertarnos.

Porque antes de intentar responder quién soy, hay algo que necesito recordar: fui creado a imagen de Dios. Y eso no depende de mi desempeño, ni de mi historia, ni de mi estado actual. Es anterior a todo eso.

Es origen.

En esta primera sesión de Así Nos Pensó Dios, no intentamos resolver todas las tensiones. No buscamos cerrar la pregunta demasiado pronto. Más bien, volvemos al inicio. A ese momento donde todo era coherente, donde la imagen no estaba distorsionada, donde el ser humano reflejaba sin esfuerzo lo que había sido puesto en él.

Volver ahí no es nostalgia. Es claridad.

Porque solo cuando recordamos el diseño, podemos empezar a reconocer la distorsión. Y solo cuando reconocemos la distorsión, comenzamos a entender por qué la vida, tal como la experimentamos hoy, no se siente como debería.

Algo se rompió.
Pero eso lo veremos después.

Por ahora, basta con esto:

No necesito inventarme.
Necesito recordar quién me pensó.

Y tal vez, en ese recuerdo, algo dentro de mí comience a alinearse otra vez.

Discusión sobre este video

Avatar de User

Por supuesto, sigue adelante.