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Transcripción

La seguridad de la maceta y el riesgo de florecer

Sobre la renuncia al control y la valentía de crecer a la intemperie.

Existe una extraña fascinación por lo que podemos controlar. A menudo, admiramos la belleza contenida de un bonsái: parece un árbol anciano y maduro, pero habita en un espacio diminuto. Lo que olvidamos es que su pequeñez no se debe a su genética, sino a su entorno. Para que un roble se comporte como un adorno de mesa, es necesario restringir sus raíces y confinarlo a una maceta donde el peligro no existe.

En la vida espiritual ocurre algo similar. Existe la tentación constante de cambiar el crecimiento por la comodidad, de preferir una fe de “maceta” —manejable y predecible— antes que enfrentar la intemperie de una vida real en Dios.

En la enseñanza de esta semana, profundizamos en la “Paradoja del Bonsái” a través del Salmo 24:2. Exploramos por qué Dios no nos diseñó para ser miniaturas espirituales protegidas por plástico, sino árboles plantados junto a corrientes de aguas profundas (Neharim).

Hablamos sobre:

  • La diferencia entre fundar nuestra vida sobre el control humano o sobre la soberanía divina.

  • Por qué nuestras raíces necesitan dejar de buscar “agua estancada” y conectar con las corrientes vivas del Espíritu.

  • El paso valiente de dejar de ser un árbol solitario para ser parte de un viñedo.

Te invito a tomarte un tiempo, preparar un café y acompañarme en esta reflexión. Quizá el paso más valiente que podemos dar hoy no sea intentar crecer más rápido, sino simplemente atrevernos a romper el molde que nos limita.

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Por supuesto, sigue adelante.