“¿Quién tiene permiso para subir?” A veces leemos el Salmo 24 y sentimos el peso de una exigencia imposible. Imaginamos una barrera de reglamentos aburridos que bloquean el paso. Pero, ¿y si la santidad no fuera el precio de la entrada, sino la condición necesaria para disfrutar la altura?
En esta entrega de Conversatio, exploramos “El Protocolo de la Presencia”. No como un manual de reglas, sino como el mapa de un alpinista apasionado por la cima.
La paradoja del ascenso
Nadie escala el Everest por “obligación burocrática”. Se escala por la pasión de la cima. En este video, desglosamos por qué la integridad es, en realidad, nuestro equipo indispensable para el ascenso:
Manos limpias: Lo que hacemos. El pecado no es solo una falta moral; es como “grasa” en las manos de un escalador. Si tus manos están sucias, resbalas y no puedes sostenerte en la roca.
Corazón puro: La motivación. Citando a Kierkegaard: “Pureza es desear una sola cosa”. Una lealtad integral que ordena la voluntad y la forma de vivir.
El Gran Intercambio
Si somos honestos, al mirar nuestras manos, todos hemos resbalado. Aquí es donde el mensaje revela la Buena Noticia: Hubo un solo hombre en la historia con manos perfectamente limpias: Jesús. En la cruz, Él tomó tus manos sucias y te dio Sus manos limpias. Subimos usando el “equipo” de Jesús, no por nuestros méritos, sino por Su misericordia.
En este episodio profundizamos en:
La Brújula del Alma: Cómo evitar los “nortes falsos” (éxito, dinero, aprobación) que desvían nuestra trayectoria y nos pierden en lo vacío.
Vindicación: El descanso de ser declarado inocente. No porque Dios ignore tus fallas, sino porque ve la justicia de Su Hijo cubriéndote.
La Vista: El paso del “Qué” al “Quién”. Dejar de buscar solo las manos de Dios (favores) para buscar Su Rostro (intimidad).
“El Cristianismo es la única fe donde Dios bajó la montaña para buscarte a ti.”
Te invito a ver el video completo y a participar en la dinámica de cierre. Es un ejercicio de rendición para soltar el peso que asedia y levantar las manos vacías ante Aquel que es el centro absoluto de nuestra vida.










